Que me importas es algo obvio.
Que te quiero es algo que poca gente sabe, y poco me importa que lo sepan o no. Lo que me importa es que lo sepas tú.
Que sepas que este día en particular es tan especial para ti como para mí. Que celebro con enorme ilusión que hace ya unoscuantosañosquenovamosaenumerar tu madre diera a luz a esta personita tan fantástica que eres hoy. Más fantástica cuantos más años pasan. Que sigan, y que yo los vea. Con suerte, que muchos los podamos celebrar juntas.
Alegría, ilusión, muchas sonrisas de gente que te quiere y a la que tú quieres, tartas, regalos, carcajadas de esas que dejan agujetas en la cara y el abdomen, miradas al horizonte y a ese futuro brillante que te espera, atardeceres hermosos y nada tristes. Todo eso y más te deseo hoy.
Felicidad, salud, que nunca te falte esa sonrisa tan contagiosa (con un sólo hoyuelo picarón) ni motivos para hacerla aparecer, buena compañía, buena suerte y buena estrella, éxitos y muchas rosas en tu camino... Todo eso y más te deseo hoy, mañana, y siempre.
Tú perteneces a mi familia. A esa que elegimos.
Estambul
El aire es distinto aquí.
Parece haber una niebla que se esparce homogénea por el ambiente, una mezcla de tierra, polvo y calor que lo convierte todo en una fotografía en sepia.
El aire se siente cargado, se nota hasta en el ondular de las banderas rojas sobre un horizonte de hormigón y cableado inestable.
Mirar atrás
La vida de todo el mundo está sembrada de momentos, sucesos más o menos importantes, instantes clave que se recordarán para siempre, y otros que se los lleva el viento de la memoria tan pronto como han pasado. Lo mismo sucede con las personas. Las hay que son una página más del libro. Las hay que duran un capítulo entero. Las que no merecen siquiera una mención, porque su relación con la historia es prácticamente inexistente. Esto no quiere decir que dichas personas sean poco merecedoras de atención, ojo. Simplemente no lo son para cierta historia, pero seguro que para otra sí. Hay personas que son renglones, otras notas a pie de página. Y otras son personajes atemporales, que una vez llegados no se van jamás.
Cuando uno conoce a una persona, la ve por primera vez, intercambia palabras y algún que otro dato personal, no sabe qué papel va a tener esa persona en el libro. Es algo impredecible, incierto. Porque los personajes pueden ser durables, y cambiar de forma e importancia durante el transcurso de la historia misma. Dar un giro inesperado. Y es que nunca se sabe...
A veces, cuando uno pasa página con una persona, cuando el tiempo de duración del personaje ha llegado a su fin, es doloroso. Puede ser que la despedida haya sido necesaria, triste, o abrupta. Pueden haber un millón de motivos. Un personaje también puede desaparecer sin un gran estruendo, muy poquito a poco, un día te das cuenta de que hace tiempo que ya no está allí. A veces se sucede un gran desacuerdo, una discusión que termina por romper un vínculo ya de por sí débil. Uno puede pasar mucho tiempo triste, decepcionado, enfadado, ofendido. El tiempo que cada uno se aferre a estos sentimientos negativos es decisión y voluntad de cada individuo. Uno tiene todo el derecho del mundo a querer permanecer esclavo del pasado, de algo que ya no está. Uno puede también tener miedo a dejar marchar, porque no sabe lo que vendrá después.
Sin embargo, puede llegar un día, despacito, sin hacer nada de ruido, en el que uno mire atrás y recuerde un personaje del pasado y ya no le duela. O ya no le enfade. O ya no le ofenda. O ya no le entristezca. En su lugar, aparece una espontánea sonrisa leve, el fantasma de un recuerdo que algún día fue bonito. Es como decir "Te dejo ir, no me aferro más, eres libre y yo también. Podemos marchar ambos en paz.".
Será que me estoy haciendo mayor? Será que estoy aprendiendo de mis errores? Sea como sea, hoy puedo decir que mis fantasmas de errores pasados cada día me atormentan menos.
Cuando uno conoce a una persona, la ve por primera vez, intercambia palabras y algún que otro dato personal, no sabe qué papel va a tener esa persona en el libro. Es algo impredecible, incierto. Porque los personajes pueden ser durables, y cambiar de forma e importancia durante el transcurso de la historia misma. Dar un giro inesperado. Y es que nunca se sabe...
A veces, cuando uno pasa página con una persona, cuando el tiempo de duración del personaje ha llegado a su fin, es doloroso. Puede ser que la despedida haya sido necesaria, triste, o abrupta. Pueden haber un millón de motivos. Un personaje también puede desaparecer sin un gran estruendo, muy poquito a poco, un día te das cuenta de que hace tiempo que ya no está allí. A veces se sucede un gran desacuerdo, una discusión que termina por romper un vínculo ya de por sí débil. Uno puede pasar mucho tiempo triste, decepcionado, enfadado, ofendido. El tiempo que cada uno se aferre a estos sentimientos negativos es decisión y voluntad de cada individuo. Uno tiene todo el derecho del mundo a querer permanecer esclavo del pasado, de algo que ya no está. Uno puede también tener miedo a dejar marchar, porque no sabe lo que vendrá después.
Sin embargo, puede llegar un día, despacito, sin hacer nada de ruido, en el que uno mire atrás y recuerde un personaje del pasado y ya no le duela. O ya no le enfade. O ya no le ofenda. O ya no le entristezca. En su lugar, aparece una espontánea sonrisa leve, el fantasma de un recuerdo que algún día fue bonito. Es como decir "Te dejo ir, no me aferro más, eres libre y yo también. Podemos marchar ambos en paz.".
Será que me estoy haciendo mayor? Será que estoy aprendiendo de mis errores? Sea como sea, hoy puedo decir que mis fantasmas de errores pasados cada día me atormentan menos.
Forever Friends
Acabo de tener una revelación inesperada.
Los amigos para siempre, los de verdad, no necesitan decirse que son para siempre. Porque sobran las palabras cuando ya lo sabes.
Los niños son transmisores de sonrisas
Hoy, día 30 de enero.
Una calle cualquiera de Berlín.
Yo, y varias personas más, de distintas etnias y edades, esperamos en la calle a que nos abran la puerta de un local.
Hacia el final de la calle se empiezan a oír
Una calle cualquiera de Berlín.
Yo, y varias personas más, de distintas etnias y edades, esperamos en la calle a que nos abran la puerta de un local.
Hacia el final de la calle se empiezan a oír
el parloteo
los gritos
las risas
los saltos
las patadas a las piedras
las maestras poniendo orden
Y como por arte de magia, todas y cada una de las personas que están esperando, sonríen a los niños que pasan, agrupados de a dos, camino a alguna parte, transmitiendo alegría y contagiando risas, que ellos tienen de sobra.
La belleza de quien no se da cuenta
Una niña pequeña dando saltitos para reunirse con su padre en el portal de un edificio.
El detalle de saltar con los pies juntos.
Saltitos muy cortos, pequeñitos, a intervalos irregulares.
Esa candidez en la sonrisa del paciente padre que espera.
Los ojos risueños de la niña, bajo el flequillo, bajo el gorro de lana con un pompón rosa.
La ternura que despierta en una transeúnte cualquiera, un ticket fugaz de ida y vuelta a su propia niñez, un segundo y medio de nostalgia.
Sacar un cuaderno en medio de la calle, escribir algo que luego compartir con extraños en el extraño mundo de internet.
El detalle de saltar con los pies juntos.
Saltitos muy cortos, pequeñitos, a intervalos irregulares.
Esa candidez en la sonrisa del paciente padre que espera.
Los ojos risueños de la niña, bajo el flequillo, bajo el gorro de lana con un pompón rosa.
La ternura que despierta en una transeúnte cualquiera, un ticket fugaz de ida y vuelta a su propia niñez, un segundo y medio de nostalgia.
Sacar un cuaderno en medio de la calle, escribir algo que luego compartir con extraños en el extraño mundo de internet.
Nostalgia Navideña
Un mantel de gala olvidado a la mañana siguiente.
Papel de regalo arrugado y amontonado en un rincón de la cocina.
Bombillas minúsculas de colores que encuentras cuando barres debajo de los muebles.
Hojas rojas alrededor de la maceta de la Pointsettia.
Restos de azúcar glasé y colorante.
Compras de último momento, el 24, el 31 y el 5.
Las luces del Born, la Plaza Mayor y las Ramblas.
Comer uvas una semana después.
Pensar en todos aquellos que un día estuvieron, y hoy ya no, y esbozar una sonrisa porque una parte de ellos nunca se irá.
Papel de regalo arrugado y amontonado en un rincón de la cocina.
Bombillas minúsculas de colores que encuentras cuando barres debajo de los muebles.
Hojas rojas alrededor de la maceta de la Pointsettia.
Restos de azúcar glasé y colorante.
Compras de último momento, el 24, el 31 y el 5.
Las luces del Born, la Plaza Mayor y las Ramblas.
Comer uvas una semana después.
Pensar en todos aquellos que un día estuvieron, y hoy ya no, y esbozar una sonrisa porque una parte de ellos nunca se irá.
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| FELIZ NAVIDAD Y FELIZ 2013 |
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