I miss you Carlota
Te miro. Te miro en nuestras fotografías antiguas, aquellas de cuando estábamos juntos, y esa cara, esa imagen que pensaba que formaba parte del pasado, vuelve para aparecérseme como el fantasma de las navidades pasadas. Vuelve, y me ronda la cabeza, y me obsesiona, me obsesiono con la idea de que quizá, solo quizá, he cometido el error mas grande de mi vida al sacarte de ella. Te expulsé sin miramientos, y ahora tengo second thoughts. Sí, lo confieso, te echo de menos, no sabes cuánto. Pienso en tí todo el tiempo. Crees que te he olvidado? No sabes cuánto te equivocas. No lo sabes.
El hueco entre tus omóplatos es mi almohada preferida
Ya sabes que me encanta acurrucarme contra tu piel, sobretodo cuando estás medio dormida/medio despierta, y oler ése rincón donde nace tu espalda entremezclado con el olor de tu pelo. Ése pelo, ésa maraña como la llamas tú, que te hace parecer el más dulce de los leoncitos cuando te levantas, con la cara roja de marcas de sábanas y dos rendijas de color miel entre los párpados hinchados. Y es que pareciera que el hueso de mi mandíbula estuviera hecho para apoyarse en tu omoplato izquierdo...
Estoy de mudanza
Vengo a barrer el polvo que se ha quedado acumulado de no limpiar en tantos días. La ceniza ya ni parece ceniza, la miro y parece algo nuevo, o quizá algo tan viejo que ni recuerdo cómo era, ni porqué esta ahí, ni siquiera desde cuándo. Los vasos han marcado cercos limpios sobre las estanterías, y los objetos dibujan formas extrañas, me parece curioso nunca haberme fijado antes, y de repente se me ocurre distribuirlos de una manera en la que al levantarlos sin limpiar el polvo, conformen alguna silueta decorativa.
Mi pintalabios se marca en los rebordes de las copas de vino, los posos rojos intensos han dejado de serlo tanto, y al mirar a contraluz puedo ver muchas huellas dactilares emborronadas que juegan con la luz. El periódico está viejo, añejo, amarillea, y la fecha me trae muchos recuerdos. Algunos quizá los conserve, otros no los quiero y los tiro a la basura con todos los demás deshechos.
Después de haber hecho semilimpieza de la casa, empieza la ardua tarea de reorganizar todo lo demás. Poner cosas que han quedado obsoletas en cajas, abrir cajas que creí que nunca volvería a mirar su contenido a la cara, reconciliarme con él, y colgarlo encima de mi cama. Libros polvorientos que quiero conservar pero quizá no releer, guardarlos en cajas junto a objetos puramente decorativos sin ningún otro sentido que el valor sentimental, envueltos en aquellos papeles de periódicos que he ido recogiendo por la casa antes. Cuadros nuevos que colgar en paredes blancas a estrenar. Toda la casa me parece un lienzo en blanco, la primera página de un diario, y puedo sentir la emoción de la pluma rozando el tintero por primera vez.
Mi pintalabios se marca en los rebordes de las copas de vino, los posos rojos intensos han dejado de serlo tanto, y al mirar a contraluz puedo ver muchas huellas dactilares emborronadas que juegan con la luz. El periódico está viejo, añejo, amarillea, y la fecha me trae muchos recuerdos. Algunos quizá los conserve, otros no los quiero y los tiro a la basura con todos los demás deshechos.
Después de haber hecho semilimpieza de la casa, empieza la ardua tarea de reorganizar todo lo demás. Poner cosas que han quedado obsoletas en cajas, abrir cajas que creí que nunca volvería a mirar su contenido a la cara, reconciliarme con él, y colgarlo encima de mi cama. Libros polvorientos que quiero conservar pero quizá no releer, guardarlos en cajas junto a objetos puramente decorativos sin ningún otro sentido que el valor sentimental, envueltos en aquellos papeles de periódicos que he ido recogiendo por la casa antes. Cuadros nuevos que colgar en paredes blancas a estrenar. Toda la casa me parece un lienzo en blanco, la primera página de un diario, y puedo sentir la emoción de la pluma rozando el tintero por primera vez.
Nota al pie: me mudo a vivir con mi novio y mi gata éste fin de semana!
Sin palabras
A veces una se queda seca de palabras, el torrente se queda sin agua y ya sólo se ve el barro del fondo, apelotonado y brillante por un tiempo, hasta que el agua se evapora del todo. Otras veces parece como una cascada sin fin, sin orden aparente, todo corre a borbotones, como con prisa, y entonces no da tiempo ni de mirar si es agua clara o turbia. Pero de vez en cuando, como excepción, el agua corre mansa, constante, sin pausa pero sin prisa, y una puede sentarse a mirarla y ordenar sus pensamientos.
Y mi pregunta es: cuál es el camino correcto? Quién lo sabe? Quién puede decírmelo? Izquierda o derecha, blanco o negro, arriba o abajo? Me da miedo darme cuenta cuando sea demasiado tarde para retroceder...
Y mi pregunta es: cuál es el camino correcto? Quién lo sabe? Quién puede decírmelo? Izquierda o derecha, blanco o negro, arriba o abajo? Me da miedo darme cuenta cuando sea demasiado tarde para retroceder...
Tan importante como una muñeca de trapo
Sólo los niños saben lo que buscan - dijo el Principito - Pierden el tiempo por una muñeca de trapo y la muñeca se transforma en algo muy importante, y si se les quita la muñeca, lloran...
Tienen suerte - dijo el guardaagujas.
FELIZ 2010 A TODOS!
La reina del mundo
Con una copa de vino tinto, una de ésas copas de cristal fino, de las que al mojarse un dedo y resbalarlo por el borde se pueden sacar notas musicales, en la mano derecha, y una sortija de diamantes de un tamaño obsceno, yo podría dirigir el mundo y tener el dedo sobre el botón. Sí, el dedo de la sortija de diamantes, que pesa más, y que queda mucho más elegante.
Con una sonrisa a medias, y vestida con cualquier trapo de mercadillo que hacer pasar por una cara prenda de diseñador, y quizá con unas medias rotas, enseñando estilazo harapiento, tan sólo me faltan las gafas de sol y el pañuelo en la cabeza para creerme Marilyn o una nueva versión a lo Scarlett.
Con un corsé que muestre mi desvergonzado lunar en el pecho, y las telas camuflándose con cada centímetro de mi piel, dejando que la imaginación pueda ver con claridad lo que se esconde debajo de la tela, tacones de aguja y cualquier cosa roja, no importan labios, collar o pendientes, daría el pego colgada del brazo de un viejo magnate, un canoso directivo, un artista retirado o una vieja leyenda del rock.
Y si a todo éso le añadimos que tengo mucho, pero que mucho, mucho morro, yo podría proclamarme la reina del mundo.
Pero es que sería demasiado fácil...
Con una sonrisa a medias, y vestida con cualquier trapo de mercadillo que hacer pasar por una cara prenda de diseñador, y quizá con unas medias rotas, enseñando estilazo harapiento, tan sólo me faltan las gafas de sol y el pañuelo en la cabeza para creerme Marilyn o una nueva versión a lo Scarlett.
Con un corsé que muestre mi desvergonzado lunar en el pecho, y las telas camuflándose con cada centímetro de mi piel, dejando que la imaginación pueda ver con claridad lo que se esconde debajo de la tela, tacones de aguja y cualquier cosa roja, no importan labios, collar o pendientes, daría el pego colgada del brazo de un viejo magnate, un canoso directivo, un artista retirado o una vieja leyenda del rock.
Y si a todo éso le añadimos que tengo mucho, pero que mucho, mucho morro, yo podría proclamarme la reina del mundo.
Pero es que sería demasiado fácil...
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