Y que no me digan "yo de tí..."

Que no me lo digan, que no me sirve. Yo de tí haria ésto, y aquello, y éso otro... Porque lo mejor sería que hicieras aquello que ya habías pensado... Y es más sensato que hagas lo que te dijo aquella persona que no, lo que te dijo aquella otra...

Porque y quién mejor que yo sabe lo que yo siento, lo que yo quiero, lo que yo necesito? Nadie. O quizá sí. Quizá sí hay una personita diminuta en el mundo, e inmensa en mi corazón, que sabe perfectamente todo éso. O quizá no, y nadie tenga la respuesta correcta. Qué está bien? Qué está mal? Quién puede decírmelo?

Se aceptan votos!

No mates monstruos por mí, nunca deje de ser tu princesa

Aquella princesa de cuento, frágil, bella, y probablemente atrapada... Aquella princesa sin rumbo, sin destino, sin futuro... Aquella princesa que soñaba con que su príncipe azul la rescatase del monstruo que la tenía presa, alejándola del resto del mundo... Ya no soy yo. Tú ya me rescataste en su momento, y ahora no puedo dejar de amarte. Soy tu princesa, always have, always will.

I miss you Carlota

Te miro. Te miro en nuestras fotografías antiguas, aquellas de cuando estábamos juntos, y esa cara, esa imagen que pensaba que formaba parte del pasado, vuelve para aparecérseme como el fantasma de las navidades pasadas. Vuelve, y me ronda la cabeza, y me obsesiona, me obsesiono con la idea de que quizá, solo quizá, he cometido el error mas grande de mi vida al sacarte de ella. Te expulsé sin miramientos, y ahora tengo second thoughts. Sí, lo confieso, te echo de menos, no sabes cuánto. Pienso en tí todo el tiempo. Crees que te he olvidado? No sabes cuánto te equivocas. No lo sabes.

El hueco entre tus omóplatos es mi almohada preferida

Ya sabes que me encanta acurrucarme contra tu piel, sobretodo cuando estás medio dormida/medio despierta, y oler ése rincón donde nace tu espalda entremezclado con el olor de tu pelo. Ése pelo, ésa maraña como la llamas tú, que te hace parecer el más dulce de los leoncitos cuando te levantas, con la cara roja de marcas de sábanas y dos rendijas de color miel entre los párpados hinchados. Y es que pareciera que el hueso de mi mandíbula estuviera hecho para apoyarse en tu omoplato izquierdo... 

Estoy de mudanza

Vengo a barrer el polvo que se ha quedado acumulado de no limpiar en tantos días. La ceniza ya ni parece ceniza, la miro y parece algo nuevo, o quizá algo tan viejo que ni recuerdo cómo era, ni porqué esta ahí, ni siquiera desde cuándo. Los vasos han marcado cercos limpios sobre las estanterías, y los objetos dibujan formas extrañas, me parece curioso nunca haberme fijado antes, y de repente se me ocurre distribuirlos de una manera en la que al levantarlos sin limpiar el polvo, conformen alguna silueta decorativa.

Mi pintalabios se marca en los rebordes de las copas de vino, los posos rojos intensos han dejado de serlo tanto, y al mirar a contraluz puedo ver muchas huellas dactilares emborronadas que juegan con la luz. El periódico está viejo, añejo, amarillea, y la fecha me trae muchos recuerdos. Algunos quizá los conserve, otros no los quiero y los tiro a la basura con todos los demás deshechos.

Después de haber hecho semilimpieza de la casa, empieza la ardua tarea de reorganizar todo lo demás. Poner cosas que han quedado obsoletas en cajas, abrir cajas que creí que nunca volvería a mirar su contenido a la cara, reconciliarme con él, y colgarlo encima de mi cama. Libros polvorientos que quiero conservar pero quizá no releer, guardarlos en cajas junto a objetos puramente decorativos sin ningún otro sentido que el valor sentimental, envueltos en aquellos papeles de periódicos que he ido recogiendo por la casa antes. Cuadros nuevos que colgar en paredes blancas a estrenar. Toda la casa me parece un lienzo en blanco, la primera página de un diario, y puedo sentir la emoción de la pluma rozando el tintero por primera vez.







Nota al pie: me mudo a vivir con mi novio y mi gata éste fin de semana!

Sin palabras

A veces una se queda seca de palabras, el torrente se queda sin agua y ya sólo se ve el barro del fondo, apelotonado y brillante por un tiempo, hasta que el agua se evapora del todo. Otras veces parece como una cascada sin fin, sin orden aparente, todo corre a borbotones, como con prisa, y entonces no da tiempo ni de mirar si es agua clara o turbia. Pero de vez en cuando, como excepción, el agua corre mansa, constante, sin pausa pero sin prisa, y una puede sentarse a mirarla y ordenar sus pensamientos.

Y mi pregunta es: cuál es el camino correcto? Quién lo sabe? Quién puede decírmelo? Izquierda o derecha, blanco o negro, arriba o abajo? Me da miedo darme cuenta cuando sea demasiado tarde para retroceder...