R(EVOL)UTION


Qué es el amor? 

El amor es ver a ESA persona, y sentir que es todo lo que necesitas para vivir, levantarte cada día, y hacer ese esfuerzo adicional que marca la diferencia.
El amor, es ese sentimiento de estar incompleto cuando no estas con él/ella.
El amor es mirar alejarse a la persona que quieres, sin oponerte, para hacerla feliz.
El amor es echar de menos incluso durante unas pocas horas.
El amor es saber que perteneces a un único lugar: donde esté ESA persona. 




 Te quiero, David. Hoy, mañana, y siempre.

Something old, something new

Ese sentimiento, llamado anticipación, de algo viejo que se termina, y algo nuevo que comienza. Mirar hacia adelante y ver una página, no, un bloc de páginas, en blanco, limpio y liso, nuevito, sin estrenar. Cosquilleos en el estómago.
A la vez angustia, nostalgia por adelantado de lo que sabes que vas a echar de menos. Porque entre los malos momentos, también se han sucedido algunos buenos. Aquellos que añorarás.
Y un poco de miedo, o llámalo incertidumbre, de no saber qué va a venir.

Pero no, miedo no, sólo incertidumbre, porque aunque no sé qué me espera, si sé que lo peor lo pasé hace ya mucho tiempo.

Tú

No voy a mentir y exagerar, y decir que no podría vivir sin tí. Pero sí diré que mi vida es menos vida sin tí. Además, sería hacerte un flaco favor, no crees? Es decir, qué merito tiene vivir con algo que es absolutamente necesario para poder seguir viviendo? No es mejor decir: podría vivir sin tí, pero es que no quiero? No quiero vivir sin tí. Podría. Claro que sí. Porque todo el mundo puede vivir absolutamente solo. Pero son las elecciones propias las que nos diferencian.

Y yo te elijo a tí. 







Changes

Alguna vez has sentido tu vida, tu mundo, cambiar? En ese mismo instante puedes sentir algo dentro de tí que no volverá a ser igual. Que este momento está marcando un antes y un después.

Y miras a tu alrededor, y te preguntas si todas esas personas que te rodean, pero no te conocen, pueden sentirlo también. Ese temblor casi imperceptible, como una sutil vibración, en el entorno. Se siente como si miles de millones de engranajes se estuvieran readaptando a una nueva máquina. Y no se trata de algo rompiéndose, en realidad se siente como si todas las piezas se estuvieran separando, y buscando su nuevo sitio, siendo la forma final totalmente distinta a la anterior.

Y por encima de todo esa desazón, esas ganas de saber qué va a pasar, qué forma tomará todo cuando el proceso de mutación termine...

... continuará...

Engaños

Y, sentada en el suelo, en el rincón más oscuro que pudo encontrar, hundió la cabeza entre las manos, y las manos entre las rodillas, y lloró en silencio.

Lloró hasta que los fantasmas del pasado salieron por sus glándulas lagrimales, se sentaron a su lado, le susurraron sus temores más internos, la atormentaron, y finalmente, cansados, se marcharon.

Y entonces pudo recomponerse, lavarse un poco la cara, mirarse al espejo, y comenzar a aceptar lentamente lo que había hecho.

Había pasado la noche entre las piernas de otra. Y eso estaba mal. Porque Carlota la quería, mucho, muchísimo, tanto que le dolía aún más lo que acababa de hacer. Y con una rubia, que jamás le habían gustado.

Ladeó la cabeza en gesto de desaprobación de sí misma, pensando que eso era lo de menos. Qué más daba el color de pelo. Qué más daba, si acababa de hacerle el amor con las mismas ganas que a la persona que había permanecido a su lado los últimos 2 años, muy a pesar de los prejuicios de su círculo más cercano.

Se dió tanto asco que se permitió el lujo de vomitar lo poco que había comido durante el día, como si bastase para limpiarse por dentro de la sensación de suciedad y deshonra. Llenó la bañera de agua fría y jabón, se hundió hasta la nariz, y ahí se quedó, mirando al grifo, y callándose los sollozos bajo el agua y las burbujas.

Mara

Volvía a casa a oscuras, a tientas después de lo sucedido, que la atormentaba como una nube gris sobre su cabecita. Un pie delante del otro, despacito, para no resbalar en el rocío sobre las baldosas rojas del caminito que lleva hasta el portal.

Con una mano se recogía la melena pelirroja, con la otra, se iba atando la goma. Un moño bien apretado, como le había enseñado su abuela desde bien pequeñita. Abuela. Punzada de dolor y vergüenza al mismo tiempo. Qué pensaría ella si supiese dónde había pasado las últimas 4 horas. Y con quién, sobretodo con quién.

Y mientras todas las imágenes de lo hecho - comido, bebido, besado, lamido, mordido, gemido y un largo etcétera - le revolvían las entrañas, se dió cuenta de que quería escapar de la realidad, de lo que acababa de hacer. Y bajo la tenue lluvia que empezaba a caer, corrió hasta que se le acabó el aliento, hasta el final del callejón sin salida, donde se tendió a llorar y gritar hundiendo la cara entre las rodillas, mientras llovía sobre sus rojos cabellos.

A pretty awesome mom

Mi madre nunca compró mi tarta de cumpleaños. Me preguntaba qué quería, y me la hacía ella misma. Organizaba gimcanas y juegos originales para entretener a los invitados a la fiesta.
Me leía cuentos incluso cuando yo era lo suficientemente mayor para leérmelos sola.
Me abrazaba sin hacerme preguntas, cuando intuía que la respuesta era demasiado dolorosa para compartirla.
Me llevaba al colegio, me recogía, y todos los días quería saber qué había hecho, y qué había comido en el comedor. Incluso cuando todos los días le contaba lo mismo.
Fue mi confidente desde muy pequeña, mi ratoncito Pérez, mi papá Noel, y mis reyes magos. Y durante mucho tiempo después de saber la verdad.
Cuando era niña, los domingos por la mañana, nos levantábamos temprano y hacíamos empanadas. Y si ella se levantaba más temprano, me esperaba para hacerlas juntas.
Siempre hizo mis disfraces a mano, nunca fueron comprados, así que siempre fui diferente. Y en ese momento no lo supe, pero me gustaba. Gracias a ella fui princesa, As, tarta de cumpleaños, la abeja Maya...

Gracias a ella, hoy soy quien soy y nadie más.














El día de la madre es el primer domingo de Mayo en España, el segundo en Alemania, y cada día de mi vida.